LO QUE me está influyendo Schopenhauer, es que es increíble. Schopenhauer que es además un filósofo al que me tomo en serio, no como a bufones de la eslora de Platón, Séneca, Nietzsche o Cioran, a quienes no hay manera de leer una página entera sin romper a reír. Eso que escribí hace unas semanas, lo de que el optimismo es una animalidad, ya estaba bajo la férula de Schopenhauer, y esta mañana pensaba: ¿por qué una chica, por el mero hecho de ser guapa, llena tanto? ¿Y por qué el fútbol, siendo un deporte tan tonto, arrastra y da tantas alegrías a la gente? ¿Y por qué la música mala o la literatura mala tienen tanta fuerza y tanto éxito? Respuesta: porque somos empujados por la voluntad ciega de la naturaleza, que necesita que nos reproduzcamos y por tanto que no pensemos demasiado en los motivos de nuestros actos. La naturaleza necesita chicas guapas, chicos guapos, porno barato, nosotrismo, folclore, música boba y poemas-cliché: quienes se forman un mundo interior complejo son personas contra natura. Filósofos como Schopenhauer acabarían con la existencia, porque una de las decisiones que toma una persona que-se-da-cuenta-de-las-cosas es no tener hijos: Schopenhauer es un tipo que contrae la enfermedad de la vista en un mundo que necesita de ciegos para sobrevivirse.
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EL PROBLEMA que le encuentro al pensamiento positivo es que es racional y al racionalizarse se mete en un terreno donde puede ser derrotado por goleada. Lo que nos salva a las que somos optimistas y alegres es que estos temperamentos nuestros son irracionales, nos vienen de fábrica: en el momento en que racionalizamos descubrimos que hay pocos motivos para la alegría o el optimismo. Ya me puede venir el más grande gurú a darme razones para pensar en positivo que por cada una yo le voy a dar tres razones negativas, entre ellas una que vale por todas las suyas, que es la de que envejezco y me voy a morir.
…y esa es la razón por la que los debates optimistas vs pesimistas siempre me han parecido absurdos. Yo siempre he sido una optimista irracional, de nacimiento, como somos la mayoría de las optimistas, porque el optimismo es una animalidad, pero cuando incurro en pensamiento, cuando me pongo a pensar… me vuelvo pesimista enseguida, es la realidad la que me obliga a ser negativo. De joven o adolescente era muy optimista porque pensaba muy poco; pero a medida que pasan los años y voy pensando más, mis momentos pesimistas aparecen con más frecuencia, si bien no tantas veces como para arruinarme la existencia.
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