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UN DETALLE que me ha dejado con la boca abierta, este creo que lo he leído en Gibbon, no sé si en el texto principal o en las notas a pie de página de Decadencia y caída del Imperio Romano. Ahí se decía que diversos escritores de la Antigüedad nos han transmitido que los germanos, como no sabían hacer puentes, aprovechaban la llegada del invierno, época en el que el río Rin se congelaba, para pasar de un lado a otro y hacer incursiones de pillaje. Este hecho volvía locos a los investigadores modernos, que dudaban de su veracidad, pues ¿cómo es que hace dos mil años el Rin se congelaba al punto de que podía pasar un caballo sobre él y, en cambio, en la actualidad jamás se hiela? Pero de nuevo se probó que los escritores antiguos no mentían y que la contradicción se explicaba por la masa deforestada: al parecer, en los dos mil últimos años Alemania ha perdido millones de hectáreas de bosque, lo que ha provocado que su temperatura general suba unos grados y el Rin deje de helarse. Alemania se encuentra en la misma parte del hemisferio que por ejemplo Canadá, pero Canadá no ha perdido la mayoría de su masa arbolada y por eso gran parte de su territorio conserva una temperatura más fría, la misma que los germanos de hace dos mil años.

Nada más leer esto, pensé de inmediato en la polémica entre Macron y Bolsonaro, cuando el presidente francés le espetó al brasileño que la Amazonia no era un bien exclusivamente brasileño sino “planetario”, lo que Bolsonaro negaba. Macron tenía razón, pero era el menos indicado para hablar. ¿Quiénes son los europeos, que se han dedicado durante siglos a talar la Amazonia europea hasta acabar con ella, para decirles a los americanos que no deben acabar con la suya?


POCAS REFLEXIONES me han influido tanto en los últimos años como la que Papini le dirige a Nietzsche: “¡Cómo no supo Nietzsche que lo que él llama instintos son en su mayoría hábitos que han cristalizado!”. Creo que ese es el error básico que hace que Nietzsche sea a veces un autor muy reaccionario y que sus llamadas a la vida no sean a menudo más que llamadas a mantener un antiguo status quo que era la negación de la vida. LOS INSTINTOS SON SIMPLES HÁBITOS QUE HAN CRISTALIZADO. A menudo creemos que es biología lo que es simple cultura. Piensas: “Esta mujer me gusta y deseo que solo me quiera a mí”. Piensas que los celos, el quererla-solo-para-ti, es pura biología, pero entonces… ¿cómo es que los esquimales ceden su mujer a sus invitados para que se acuesten con ella? ¿Son los esquimales antibiológicos? Con razón Harari, en Sapiens, llama a la cultura “red de instintos artificiales”. Este detalle me parece muy importante para la lucha humanista: cuando se dice que el feminismo, el ecologismo, el pacifismo o el universalismo van contra los instintos naturales del ser humano, solo se está diciendo que van contra meras costumbres que han arraigado tanto que parecen biológicas. Pero no lo son. Son meras costumbres injustas y equivocadas contra las que debemos seguir oponiéndonos sin olvidar, eso sí, que su arraigo viene de tan lejos que no las vamos a extirpar en media hora, ni siquiera dentro de nosotros.



NADA ME crispa más de Nietzsche que sus elogios desaforados a la fuerza, la crueldad o el afán de dominio, a los que considera valores “que garantizan el futuro”. Pensaba aquel viejo que una sociedad solo gozaba de salud mientras conservaba la sed de poder. Con qué ganas lo hubiera trasladado en una máquina del tiempo al 6 de agosto de 1945, fecha en que cayó la primera bomba atómica en Hiroshima, y mostrándole las ruinas, decirle: “Mira, amigo Friedrich, aquí tienes LO QUE GARANTIZA EL FUTURO”. Porque a partir de aquel 6 de agosto y desde que la humanidad posee armas suficientes para destruirse varias veces, o desde que sabemos que el clima del planeta no soporta el capitalismo salvaje, ya no se puede seguir flirteando con los valores agresivos que ensalzaba aquel loco genial: lo que ahora más que nunca “garantiza el futuro” es el pacifismo, el ecologismo y el universalismo.