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Egolatría nº 3781


NUNCA HE dicho que haya que erradicar la humildad de las sociedades, ojo. La humildad es una virtud esencial en el ser humano, pero deja de ser virtud cuando se utiliza en-contra-de: cuando se utiliza contra el innovador, contra el independiente, contra el que tiene deseos legítimos y va a por ellos. 

Una sociedad donde solo haya ambición es pasto de los depredadores, pero una sociedad donde solo existan humildes se hunde en la arteriosclerosis. El mismo problema encuentro en el mucho que en el poco. Una sociedad sana debe ser un acordeón donde se pueda ser a veces mucho y a veces poco; donde se pueda alternar los momentos de rayo y momentos de calma: ¿habéis escuchado ese acordeón alguna vez en las sociedades hispánicas?

Lees a Tucídides, a Epicuro, a Virgilio, a Horacio, a Salustio, a Séneca, a Dante, a Hugo, a Joyce, a McCullers, a Plath, y te quedas alucinado: estos autores dicen con naturalidad que quieren trascender después de su muerte, que quieren que sus escritos pervivan siglos después de morir, ¡algunos dicen incluso que pervivirán, dan por segura su inmortalidad! Ello no les impide ser modestos o compasivos en otras partes de su obra, porque en ellos la vanidad no excluye momentos de autoflagelación también exagerada.

Igual que a veces uno debe llamarse a silencio, a discreción, a frugalidad, hay otras donde uno necesita acelerar y celebrarse a sí mismo. Una sociedad que no entienda que un artista necesita para respirar sus dosis de narcisismo, de egolatría, incluso de arrogancia, junto a sus momentos de clara humanidad despaciosa, es una sociedad de mierda. España es una sociedad de mierda, las sociedades hispánicas una mierda, vascos y catalanes otro montón de mierda, letrinas donde triunfa la humildad a full, la humildad de la mala, la que agrede al activo, al soñador, al que quiere comerse todo el chocolate blanco de la vida.

Hay que leerme a mí, que no sucumbo ni sucumbiré jamás ante este tipo de insectos. A mí, que ya les odiaba cuando estaba en la tripa de mi madre. ¿Cómo? ¿Que no sabes odiar a la gente que te castra los sueños, a las sociedades que te ciegan las emociones más básicas, a los países donde se les corta los pies a los que vivimos con la cabeza en las estrellas?

Léeme. Yo te enseño.



DICE SCHOPENHAUER que la naturaleza nos utiliza para sus propios fines; que es ella la que nos permite estar guapos a los veinte años para que copulemos y tengamos hijos pero, una vez que nos ha usado, nos quita nuestra belleza porque ya no le hace falta. Formar un matrimonio y tener hijos, para este filósofo, es algo que no nos conviene a nosotros pero sí que le conviene a la voluntad ciega de la naturaleza, que quiere sobrevivirse. Dándole vueltas a este pensamiento del pesimista alemán, he tenido otro que me parece más certero con respecto a mí. Creo que la naturaleza, cuando eres muy joven o adolescente, te llena de ambiciones sin medida, de unas ganas de comerte el mundo insensatas, pero luego, cuando llegas a los cuarenta años, esa misma naturaleza te dota de repente de una lucidez extremas, que hace que veas tus antiguos sueños de grandeza como ridículos y hasta estúpidos, justo cuando ya es demasiado tarde, lo mismo para regresar que para seguir adelante, lo que hace que te quedes en una tierra de nadie, con cara de ratón que olvidó su agujero, sin saber qué hacer. Desde que cumplí cuarenta años, noto dos tendencias opuestas en mí: la primera es continuar con mi egolatría y pegarle el susto definitivo a la literatura española, pero junto a esta tendencia, que cada vez es más débil o no sé ya si me la creo, ha surgido otra que me empuja a abandonar todo e irme a un atolón del Pacífico a hablar con los peces. De esta incertidumbre creo que no soy el único responsable sino que ayuda mucho la naturaleza: es ella la que nos empuja a ser incendiarios con veinte años y pobres bomberos de nuestros sueños a los cuarenta.


ESA LUCHA entre el corazón y la cabeza o entre lo animal y lo racional que solemos plantearnos como problema ¿no será salud y beneficio?

Cuanto más compleja es una persona, más lucha de contrarios sufre en su interior y más escrúpulos siente a la hora de actuar. Una persona insegura no invade Ucrania, no crea una refinería de petróleo, no se hace fabricante de armas.

Todos los grandes peligros actuales, el cambio climático, la energía nuclear, la ciencia sin conciencia, se deben a millones de personas que no dejan de pedalear. ¿Quieres hacer algo bueno por el mundo? Abraza tus confusiones, besa tus dudas, no salgas de casa, comienza a escribir un diario, acaricia a tus gatos, riega las plantas.