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¿CUÁL ES el problema que subyace a esta tendencia a crear rebaños ideológicos para agredirse los unos a los unos? La falta de individualismo. El individualismo es ese milagro que te permite valorar por ti mismo cada situación y tomar decisiones distintas para cada una de ellas. El individualista puede apoyar puntualmente a un rebaño o puede ser societario si conserva su autonomía, porque la ecuación individualista = egoísta es falsa, pero se lleva muy mal con las consignas y los prietas las filas. Por eso el individualista es incómodo ya que hace cosas muy raras: hoy apoya a la derecha, mañana a la izquierda, hoy dice que está con los montescos y mañana con los capuletos, es una persona de la que no te puedes fiar…

¿Cuál es el insulto español por antonomasia, el que se dedica a cualquiera que defienda su singularidad? Egocéntrico, naturalmente. ¿Cuál es la virtud mejor vista lo mismo entre la izquierda que entre la derecha? La humildad, que es la virtud cualquierista de los mediocres. ¿Qué hace un español cuando quiere conseguir algo? Llamar a su primo, a su cuñado, a la tía que tiene una amiga que es hermana de la concejala de Valdemoro y en ese plan. AMIGUETES CLUB, ninguna consideración por la iniciativa individual, odio al que se singulariza, nula meritocracia, movilidad social cero… Se sigue esperando a que sea el sacerdote, llámese Pedro Sánchez o Pablo Iglesias o Pablo Casado, el que te diga lo que significa cada pasaje de la Biblia y el que te diga, más que hacia dónde ir, contra quién estar…

UNA DE las maravillas y felicidades de vivir solo es que te puedes regodear en ducharte una sola vez al mes, dos como mucho en el caso de que realices algún esfuerzo extraordinario, y esa práctica no solo es una aberración sino que es la mejor manera de conservar el olor de tu cuerpo, perdido a menudo en nombre de la sobre-higiene que te impone esta idiota y falsa y esnobista sociedad. Un cuerpo tiene que oler a cuerpo: si lo lavas y duchas y frotas y embadurnas cada día con productos comprados a los mercaderes, pierde sus propiedades y pasa a oler a limpio o a no oler a nada, porque se queda sin defensas y queda expuesto a cualquier olor ajeno. En las temporadas en que he vivido con otros y que, por respeto a la locura ultrahigiénica que comparte casi todo el mundo, he tenido que transigir en ducharme todos los días, he podido comprobar que cuanto más me duchaba más me afectaba el menor esfuerzo o sudor más mínimo, que me hacían oler mal enseguida, porque mi cuerpo había perdido esas propiedades regeneradoras que eliminan los olores; mi cuerpo, que antes era un cuerpo fuerte que olía a cuerpo, se había vuelto un cuerpo débil que solo olía a limpio; había cambiado su olor natural, que es personal e intransferible, por un olor standard y artificioso. Y aunque en este asunto la incomprensión que padezco es general, me gusta recordar que en el Reino Unido, durante la sequía que padeció a principios de los 90, el entonces primer ministro John Major compareció en televisión y dijo, con vistas a dar ejemplo para que la población consumiera menos agua, que su mujer y él, aunque se lavaban las manos y la cara todos los días, solo se duchaban una vez cada quincena, y que era más que suficiente para conservar la higiene. ¡Una ducha cada quince días! ¿Os imagináis la catástrofe capitalista que acontecería si nos aplicásemos el cuento del primer ministro británico, lo que nos ahorraríamos en recibos del agua, pócimas, ungüentos, champús, gels, acondicionadores y demás fruslerías del mercado? Pero da igual: ya sé que éste es un asunto perdido desde que la sociedad de consumo logró que nos pareciera que huele mal el olor natural de nuestra piel. Así que os doy toda la razón. Por tanto, seguid siendo felices oliendo a limpio, que yo prefiero ser feliz oliendo a mí.