M脕S SOBRE el machismo en el f煤tbol, cruzado tambi茅n de homofobia. En 1962, Alfredo Di Stefano dio su imagen para este anuncio de medias: "Si yo fuera mi mujer... lucir铆a medias Berkshire". El esc谩ndalo que se cre贸 fue tan monumental que el presidente del Real Madrid, Santiago Bernab茅u, intervino para prohibir la campa帽a publicitaria, que tambi茅n aparec铆a en televisi贸n, y el jugador tuvo que devolver las 150.000 pesetas que hab铆a recibido. El propio jugador se arrepinti贸 de haber prestado su imagen (“fue una boludez”, dijo) y fue abucheado por el p煤blico madrile帽o cada vez que tocaba la pelota en su partido contra el Athletic de Bilbao, el primero que jugaba tras rodar el anuncio.
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SOBRE LAS mujeres masculinas. Es incre铆ble el miedo que se les tiene a las mujeres masculinas (cuando son cien veces m谩s inteligentes, cien veces m谩s sensibles, cien veces m谩s TODO que las mujeres femeninas, igual que los hombres femeninos tenemos cien capas m谩s que los hombres-solo-hombres, que son de una capa y basta). Estas prevenciones que existen ante ellas, no solo por parte de la gente sino de escritores de cinco estrellas (pienso en Baroja, en Naipaul o en Nietzsche, por ejemplo, que despreciaba a George Sand y a toda mujer que escribiera, a las que atribu铆a un “desorden f铆sico”, o en Houellebecq, que pide a las mujeres que finjan ser femeninas para hacer m谩s agradable la vida) me recuerdan una an茅cdota que ya cont茅 en un cap铆tulo de El hijo de Puskas, cuando Higinio, un aldeano de Lauros, me dec铆a:
–Pero esa Margaret Thatcher, Basterrechea…, ¿seguro que es mujer?
–Pues claro –le contestaba yo.
–No s茅, no s茅 –replicaba 茅l–. ¡Porque tiene unos cojones!
Ninguna conquista salvo la de la pasividad
NO ME gustar铆a que el pr贸ximo Napole贸n Bonaparte fuera mujer pero s铆 que la pr贸xima Marilyn Monroe fuera hombre. Elim铆nese el maltrato, elim铆nese la desigualdad social, elim铆nese la educaci贸n sexista, pero no se diga que la pasividad o el papel secundario en que han vivido las mujeres es necesariamente algo malo, porque el papel hist贸rico que ha desempe帽ado la mujer es mucho mejor que el que ha desempe帽ado el hombre. ¡Ojal谩 los hombres hubieran aprendido los valores de la pasividad y no hubieran conquistado las Galias ni luchado en las guerras de religi贸n ni saqueado Am茅rica ni 脕frica ni lanzado las bombas at贸micas! No son las mujeres las que tienen que invadir los territorios deplorables que se han atribuido hist贸ricamente a los hombres, sino que somos los hombres los que tenemos que invadir los atribuidos a las mujeres: somos nosotros los que tenemos que aprender a ser pasivos, a disfrutar de papeles secundarios; somos nosotros los que debemos des-ambicionarnos, arrancarnos la mugre del “llegar a ser alguien” y dedicarnos a ser cuidadores o escuchadores, ¡somos los hombres los que en las guerras debemos ser los enfermeros!
—Pero entonces, Batania, si los hombres nos dedic谩ramos a ser enfermeros, no habr铆a nadie que luchara por nuestra amada patria.
—Esa es la idea.
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