DOS DE los mejores diarios del mundo, The Guardian y The New York Times, no permiten opinar a los lectores en al menos el 80% de sus noticias. Esto indica dos cosas:

a) El periodismo de calidad no se puede arrodillar ante el número de clicks que hacen los opinadores, por mucho que se pierdan ingresos publicitarios. 
b) Para contar con mejores comentarios de los lectores, que son una de las medidas de calidad de un diario, es esencial que se opine poco y después de haberlo pensado mucho.

Pasemos ahora a España. Allí se permite opinar en todas las noticias, incluso los diarios más grandes son incapaces de renunciar a los ingresos publicitarios que dependen del número de clicks. Si a la barra libre opinante le añadimos que los titulares vienen con sesgo partidario y que los departamentos de censura brillan por su ausencia, ocurre que las réplicas y contrarréplicas zafias se multiplican y puede pasar (de hecho pasa con normalidad) que las opiniones mejor valoradas por los lectores sean opiniones xenófobas, machistas o transfóbicas. Un comentario que en NYT no se admitiría nunca y que en The Guardian sería censurado en cerocomados, ¡en España puede ser el comentario mejor valorado por los lectores, incluso en sus diarios más "serios"! ¡Se premia la trifulca! La consecuencia más habitual de confundir la libertad de expresión con la libertad de agresión es que la gente culta y educada acaba huyendo de estos foros y los más primates entre los primates se adueñan de ellos. Todo en nombre de la sacrosanta ganancia económica que genera el click.