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LA RAZ脫N principal por la que la ultraderecha no logra imponerse radicalmente es que est谩 empe帽ada en eliminar de nuestras mentes el buenismo, que es la esencia por la que viven incluso las personas m谩s siniestras y los grupos m谩s depredadores. Hasta Gengis Kan comet铆a todas sus carnicer铆as llevando a un sabio budista al lado, hasta Pericles llam贸 “democracia” al imperialismo ateniense, hasta los espa帽oles crearon unas “leyes de Indias” para robar la plata y las tierras con buena conciencia, hasta los franceses crearon un “C贸digo negro” para asolar y masacrar con cari帽o. El propio Julio C茅sar tuvo que cruzar el Rubic贸n porque los senadores le iban a juzgar por infringir las leyes romanas, que solo autorizaban la guerra defensiva fuera de sus fronteras, y no se explicaban c贸mo aquel general hab铆a conseguido conquistar toda la Galia y hasta hab铆a llegado a Britania “solo defendi茅ndose”.

No somos buenos, pero creemos serlo; cuando escuchamos que la ultraderecha dice sin descomponer el gesto que no hay que atender a un inmigrante sin papeles en un hospital, aunque la vida de ese inmigrante est茅 en riesgo, una indignaci贸n incontenible se despierta no en eso que somos, sino en eso que creemos ser. La ultraderecha ya triunf贸 en la mayor铆a de las mentes de Europa, pero siguen gobernando muchos partidos del pseudocentro o la pseudoizquierda porque ellos s铆 que guardan las formas buenistas: ellos matan en la valla de Melilla, pero nos hacen creer que las balas proceden de otros; ellos levantan campos de concentraci贸n en 脕frica, pero nos convencen de que son otras manos las que los levantan; ellos ahogan a miles en el Mediterr谩neo, pero llaman a esas muertes “tragedia inevitable”. Siguen gobernando con pol铆ticas ultraderechistas, con actitudes xen贸fobas, con cierre de fronteras, pero cuando tienen un micr贸fono delante hablan de apertura, libertad y blablabl谩: la diferencia entre unos y otros no es el hueso de las acciones, sino las palabras con las que adornan esos huesos.

Ideales por los que merece la pena fracasar


GRACIAS AL cristianismo que abrac茅 en mi infancia y al ideal ilustrado que he abrazado de adulta soy presentable como persona, no la v铆bora que podr铆a ser. Cristianismo e Ilustraci贸n de los que no se puede pedir un cumplimiento al 100%, porque son programas de m谩ximos, utop铆as. Ni el propio Jesucristo pudo cumplir su programa: cuando azot贸 a los mercaderes en el templo, cuando maldijo y sec贸 a la pobre higuera que no ten铆a higos porque no era 茅poca de frutecer, cuando arroj贸 a los demonios dentro de los cerdos y los ahog贸 en el mar (desde una mirada ecologista, Jes煤s cojea mucho), cuando hizo declaraciones incendiarias como “yo no he venido a traer la paz, sino la guerra”, Jes煤s estaba actuando contra su ideario. En cuanto a los ilustrados, los franceses confundieron el ideal franc茅s con el universal y los estadounidenses hasta ten铆an esclavos: se帽al de hasta qu茅 punto estaban llenos de contradicciones. Pero es normal que las personas est茅n por debajo de sus ideales cuando los ideales son tan altos. Lo f谩cil es ser facha o abertzale: lo dif铆cil es dominar la voluntad y dirigirla contra miles de a帽os de tradici贸n.